miércoles, 4 de mayo de 2011

El "Sargento" - parte 1

"No se puede decir que el Sargento era más leal que un perro, porque él no era más que uno de tantos miembros de la familia canina atorrante en el fuerte general Paz.

El Sargento era un perro de la genuina familia de los atorrantes, pero de esos atorrantes militares que no tienen dueño ni reconocen más amo que el cuerpo donde han nacido y se han criado.

Los soldados van desapareciendo por las deserciones, las muertes y las bajas, y otras nuevas plazas van llenando los claros que dejó la ausencia de aquéllos. Pero el perro queda en el cuerpo, compartiendo las fatigas y los peligros con los que lo forman, sin averiguar si son soldados viejos o reclutas de ayer.

Para él todos los soldados son todos iguales, a todos sirve, a todos obedece, y de todos recibe un bocado o un golpe, con la misma conformidad. Recorre todos los fogones como todos los perros de guardia, sin ver en ellos otra cosa que miembros de su regimiento a quienes tiene la obligación de acompañar y proteger. El perro atorrante no sólo es la compañía y el amigo del soldado, sino su protector mismo.


Cuando no hay qué comer y la cosa se hace difícil, él sale a ayudar a los soldados que van a balear el alimento del día, y corre a la liebre, al venado o al piche, hasta traerlo, jadeante y fatigado, y lo pone a los pies del soldado a cuyo lado se sienta, hasta que le dan su ración o se convence de que no le van a dar nada, y en uno como en otro caso, se retira tranquilamente y se acuesta a dormir.

A este género de perros militares y atorrantes pertenecía el Sargento, grado que había alcanzado, desde simple soldado, merced a sus servicios prestados en los diferentes cuerpos que guarnecieron el "Fuerte General Paz".

El Sargento era perro de campamento, y más que de campamento, de la mayoría donde estaba situado el rancho del jefe de la frontera. El había nacido allí, allí se había criado y de allí no había cariño capaz de arrancarlo.


Los regimientos, como los jefes, cambian con frecuencia de residencia, pero el Sargento quedaba allí firme, esperando el nuevo jefe que le deparara la suerte. Cuando más salía a acompañar al regimiento que se ausentaba hasta el primer fortín, donde esperaba al que venía para recibirlo con todos los honores y meneadas de cola del caso. Y acompañaba al nuevo jefe hasta el pobre ranchito enfrente al hospital, como si quisiera enseñarle cuál era su alojamiento allí y dónde podrían hallarlo cada vez que lo necesitaran.

Así el Sargento había venido al lado de Heredia, al lado de Borges y al lado de Lagos, sin reconocer en ellos a un amo, sino a un jefe cuyas credenciales no eran otras para él que verlo instalado en el pobre alojamiento donde había nacido. Entonces el Sargento obedecía a la palabra del nuevo jefe, con un raro empeño, y se constituía en su asistente y centinela de más confianza.


Sargento iba a las cuadras de los nuevos soldados, como para reconocerlos y hacer amistad con ellos; pero regresaba al puesto que él mismo se había señalado, sin que hubiera fuerza suficiente que lo arrancara de allí.

A la noche, sobre todo, el Sargento se instalaba delante de la puerta, y después del toque de silencio no permitía que nadie pasara sino a seis u ocho varas de distancia: y pobre el que intentase avanzar a pesar de sus ladridos. Sólo al oficial de guardia, a quien reconocía cuando se recibía del servicio, permitía la entrada al rancho del jefe de la frontera. Después de éste, la entrada estaba vedada para todos.

miércoles, 27 de abril de 2011

Resumen de Biografia de Cesar Vallejo

César Vallejo nació en Santiago de Chuco (departamento de La Libertad) un día no bien precisado; para algunos el 19 de Mayo, para otros el 16 de Marzo de 1892, siendo sus padres Francisco de Paula Vallejo y doña María de los Santos Mendoza. Aprendió las primeras letras en la escuela municipal del lugar y luego en el Centro Escolar 271 en el que su maestro Abraham Arias ya notó su gran talento. Continuó la secundaria en el Colegio Nacional de Huamanchuco y estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Trujillo.

Cesar+Vallejo+7 RESUMEN DE BIOGRAFIA DE CESAR VALLEJO
A fines de 1917 viajó a Lima para seguir estudios de Letras en San Marcos y publicó “Los Heraldos Negros”, pero al morir su madre poco después regresó a Santiago de Chuco y más tarde en 1920, es encarcelado por asuntos políticos. Al cobrar la libertad viaja nuevamente a Lima y publica “Trilce” y otras obras.
Finalmente, en 1923, viaja a Europa para no regresar más, instalándose en París, donde lleva una vida estrecha llena de penalidades. Casado desde 1929 con Georgette Philippart, muere dignamente un viernes santo, el 15 de Abril de 1938.

martes, 19 de abril de 2011

LOS DADOS ETERNOS

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
tú no tienes Marías que se van!
Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!
Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado...
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.
Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

El PERRO EDUCADO

Un carnicero estaba a punto de cerrar su negocio cuando vio entrar a un perro. Trató de espantarlo, pero el perro volvió. Nuevamente intentó espantarlo, pero entonces se dio cuenta
que el animal traía un sobre en el hocico. Curioso el carnicero abrió el sobre y en su interior encontró un billete de 200 soles y una nota que decía:
    Por favor, podría mandarme con el perro un kilo de carne molida de res y medio kilo de pierna de cerdo.
    Asombrado, el carnicero tomó el dinero, colocó la carne molida y la pierna de cerdo en una bolsa y puso la bolsa junto al perro, pero olvidó darle el cambio al perro.
    El perro empezó a gruñir y a mostrarle los colmillos. Al darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio del billete en la bolsa; el perro se calmó, cogió la bolsa en el hocico y salió del establecimiento.
    El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerró inmediatamente su negocio. El animal bajó por la calle hasta el primer semáforo, donde se sentó en la acera y aguardó para poder cruzar.
    Luego atravesó la calle y camino hasta un paradero de buses, con el carnicero siguiéndole de cerca.
    En el paradero, cuando vio que era el bús correcto, subió seguido por el carnicero. El carnicero, boquiabierto, observó que el can erguido sobre las patas traseras, tocó el timbre para descender,
siempre con la bolsa en el hocico.
    Perro y carnicero caminaron por la calle hasta que el animal se detuvo en una casa, donde puso lo que había comprado junto a la puerta y, retirándose un poco, se lanzó contra esta, golpeándola fuerte.
    Repitió la acción varias veces, pero nadie respondió en la casa. En el colmo del asombro, el carnicero vio al perro tomar la bolsa con el hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse a una ventana.
    Una vez allí, tocó con las patas en el vidrio varias veces sin soltar la bolsa; luego regresó a la puerta.
    En ese momento, un hombre abrió la puerta... y comenzó a golpear al perro. El carnicero corrió hasta el hombre para impedirlo, diciéndole:
    -Por Dios, amigo ¿qué es lo que está haciendo? ¡Su perro es un genio!.... ¡Es único!
    El hombre, evidentemente molesto, respondió:
    -Que genio ni qué coño!
    ¡Esta es la segunda vez en esta semana que al muy estupido se le olvidan las llaves... y yo en el baño.

Moraleja: por más que te esfuerces y cumplas más allá de tu deber en el trabajo, a los ojos de un jefe siempre estarás por debajo de lo que el quiere. (anónimo).